El primer título de esta colección es La maldita Trinidad. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, de Richard Peet, profesor de la Clark University en Worcester, Massachusets.
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La traducción de La maldita Trinidad es de María Laura Mazza, quien ha traducido entre otros títulos ¿Qué hacemos con la OMC?, de Martin Khor (Icaria).
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"Este libro traza el perfil y el alcance de estas instituciones reguladoras globales y muestra cómo sirven de ariete de la teoría neoliberal dominante de la globalización"
(Michael Watts, director del Institute of International Studies, Universidad de California)
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"La maldita Trinidad proporciona una importante lección histórica sobre cómo el FMI, el Banco Mundial y la OMC han sido apartados de sus objetivos originales para servir los intereses de la globalización empresarial". (John Cavanagh, Institute for Policy Studies)
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"Éste es un gran libro". (David Harvey, Universidad de Nueva York)
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"Hay algo que funciona básicamente mal en la forma en que se gestiona el sistema económico global. También hay algo que funciona básicamente mal en el sistema económico mundial" (Joseph Stiglitz)
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"Uno de esos libros imprescindibles, por lo documentados y clarificadores, que te dejan realmente en estado de desasosiego" (Javier Armentia,
http://javarm.blogalia.com)
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"Peet entiende que la orientación reciente de las tres instituciones está en consonancia con los cambios habidos en la doctrina económica dominante, así como con la recomposición de la hegemonía experimentada las dos últimas décadas por determinadas empresas y grupos de presión, bajo el paraguas del Gobierno de Estados Unidos como actor decisivo de todo el proceso" (Koldo Unceta, El País)
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"El profesor Jaume Botey, colaborador de esta revista, suele contar cómo oyó a Michel Camdessus, entonces presidente del FMI, decir muy convencido que el FMI se encargaba de hacer la obra de Dios en la Tierra. Que Camdessus llegara a creer eso dice mucho de la capacidad de autoengaño de algunas élites dirigentes. De tanto engañar, algunos acaban engañándose a sí mismos. Pero las políticas del FMI ya no engañan a nadie, y ya sabemos que su sede no está en el cielo, sino bastante más abajo" (El Viejo Topo)