Javier Reverte nos permite adentrarnos en su diario de una de las ciudades más bellas del mundo: Roma.
«Cierro los ojos: intento imaginar una noche festiva, con las
hogueras ardiendo junto a los templos y los cantos que celebran
a los dioses. O los días luminosos en que los emperadores regre-
san de las batallas triunfales y desfilan con sus legiones bajo
los arcos, entre el clamor del pueblo. Antes del nacimiento de
Nueva York, el ser humano no había emprendido una tarea urbana
tan colosal y ambiciosa como fue la construcción de Roma.
Y ahí quedan sus rastros.»
Javier Reverte